Capítulo 212
Alejandro, al escuchar su quejido, soltó de inmediato su brazo.

Sofía no lo miró siquiera; bajó las escaleras con paso firme.

—Javier, síguela.

—Sí, señor.

El secretario se pegó a su espalda como una sombra. Si Sofía descendía por la escalera, él hacía lo mismo.

En la planta baja, donde entregaban las medicinas, Sofía se encontró con otro obstáculo: no tenía bolsa para cargar los medicamentos, así que debía llevarlos en la mano.

Seis cajas eran imposibles de sujetar con una sola. Apenas se le re
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