A la mañana siguiente, el escándalo de los Valdés ya estaba en boca de todos.
En un abrir y cerrar de ojos, toda la alta sociedad se había enterado de la vergonzosa escena protagonizada por Tomás durante su propia fiesta de cumpleaños.
Lidia Salvatierra, considerada por muchos herederos como la musa intocable, la prometida ideal, había sido víctima de los descaros de Tomás. Uno tras otro, esos mismos jóvenes privilegiados comenzaron a marcar distancia con él, como si temieran contagiarse su desh