Al ver que Sofía recordaba tan bien las perlas del este, Luisa se dio un golpe en la frente y dijo:
—¡Ay, cómo se me olvida todo! Ni siquiera me acordaba de esas perlas. Parece que sí existían, solo que se me olvidó dónde las guardé. Sofía, no te preocupes, en un par de días te las llevo.
—Aquí están todas las joyas, menos esas perlas. Tía… ¿no será que las vendiste?
Luisa se puso nerviosa, su cara cambió.
Sofía sabía lo que pasaba: Luisa había perdido mucho dinero jugando mahjong, y en esa époc