—Entonces, muchas gracias, tía —respondió Sofía con una sonrisa que no llegaba a los ojos.
—Nada de gracias —contestó Luisa con una voz dulzona—. Con que me hagas caso y te portes bien, es suficiente. Con lo bonita que eres, ¿cómo no va a gustarte el señor Rivera?
Luego, en tono más suave aún, añadió:
—Nomás acuérdate de quién te ayudó cuando estés en la cima, ¿eh?
—Eso por supuesto, tía. El cariño que me tiene, lo tengo muy presente… ni un segundo se me olvida —dijo Sofía, sin borrar esa sonris