Román y yo caminamos hasta el restaurante para una cena.
Sí, ninguno salió de la habitación y no puedo decir que desperdiciamos el día.
De hecho, me pareció la mejor tarde que hemos pasado juntos.
Y, sí. La cama es muy cómoda.
Sonrió y me encuentro con la mirada de Román que es el reflejo de la mía.
La noche en Nueva Orleans es cálida y me permite usar un ligero vestido blanco, suelto, a la altura de las rodillas, de finos tirantes sandalias de cuña.
Mi cabello está suelto y dejando libres mis