CAPÍTULO 52.
Es irónico que la casa de Julia esté a menos de quince minutos de la de Román. Como una sombra que nunca desapareció del todo. Como un fantasma con piel de porcelana y voz manipuladora.
Estaciono frente al portón y respiro hondo.
Sé que lo que estoy a punto de hacer me va a doler más de lo que estoy dispuesta a admitir, pero también sé que es lo correcto. Por Paloma. Por Román. Por la familia que ellos han intentado construir entre las ruinas del pasado.
Apago el motor. Mis manos no temblaban,