El aire huele a algo más que hospital. A miedos antiguos, a palabras que uno no quiere pronunciar. Román y yo habíamos pasado la noche conversando, midiendo palabras entre silencios largos, buscando un punto medio en medio de un campo minado. No fue fácil, pero lo logramos. Al menos eso quiero creer. Él aceptó que Paloma necesita ver a su abuelo. Yo acepté ser quien la traiga, con el pecho apretado y el alma cargada de un presentimiento que no sé explicar.
Paloma va en el asiento trasero con