El lápiz de Paloma se mueve sobre el papel con la precisión de quien intenta resolver un problema y no quiere equivocarse. Está tan concentrada que frunce el ceño, y yo, sentada en la butaca junto a la ventana de su estudio, la observo mientras finjo leer un libro que no ha pasado de la misma página desde hace veinte minutos.
La luz del atardecer se cuela por las cortinas y le da a la habitación ese aire cálido y falso que tienen los días antes de que llegue la tormenta. Porque lo sé. Algo vien