—¿Su acompañante? —preguntó Carla en cuanto llegó al apartamento con una bolsa de chucherías entre los brazos y una cara de póquer.
La propuesta de Le Roux la había pillado desprevenida, tanto así, que casi salió corriendo de su oficina mientras él la llamaba por su nombre.
Las otras asistentes, Ashley, Lana y Ester, se levantaron asustadas cuando vieron el resplandor rojo atravesar el pasillo y desaparecer en el ascensor.
En otra ocasión, hubiera disfrutado de meterse en líos con Horacio, pues