Se pasó toda la noche abrazando a su esposo. Sabía que Leonardo la había priorizado, ante todo, arriesgándose a cualquier escándalo por rechazar la invitación de Fedrick y Le Roux, pero debía morderse la lengua y no decir nada del embarazo. A pesar de que su consciencia picara y le dijera que en algún momento tendría que abrir la boca.
Aunque con el pasar de los días él empezó a notarla extraña. No era estúpido y mucho menos despistado. Sus diferencias iban menguando y su consciencia bajaba la