Era la sexta vez que Leonardo refunfuñaba y se pasaba las manos por la cara.
Sexta vez que Alessa no le contestaba las llamadas.
—Leo, tienes que tranquilizarte. —Ross estaba en una silla de la barra de la cocina mientras el moreno ocupaba otra y se veía más inquieto de lo normal.
—Alessa ha pasado por muchas cosas, debe necesitar un momento a solas para pensar —explicó Sophia un tanto incómoda. Lo que sabía pesaba mucho sobre sus hombros a estas alturas—. Ya ves, así somos las mujeres.
Carla,