—Leo, ¿podrías prestar atención al menos un segundo?
La petición susurrada de Sophia despertó su simpatía, pero Leonardo, por mucho que quisiera, tenía dificultades para concentrarse en la junta de Industrias Gold. Sus socios hablaban, unos por aquí, otros por allá. Al final, todos decían lo mismo. Bestias superficiales.
Su teléfono personal pesaba en el bolsillo dentro de su saco. Sus dedos inquietos, sus nudillos apretados.
—Tal deberíamos considerar una negociación con la Corporación Le Roux