Cuando Alessa despertó por segunda vez, lo hizo de golpe y en una camilla del mismo hospital en el que previamente estaba.
Su reacción agresiva causó que el personal médico la cogiera enseguida de los brazos y la obligara a recostarse, porque al verla de ese modo, alterada y jadeante, temieron lo peor.
—¡Señora Gold, por favor, es mejor que se calme!
—¿Dónde...? —La pelirroja los miró, parpadeando e intentando zafarse. Una leve punzada en el cerebro le recordó lo fuerte que le afectó la ansieda