La lluvia golpeaba con insistencia los ventanales de la Mansión Orlov, el sonido era un murmullo constante que se mezclaba con la soledad de la madrugada. Alexandra Morgan estaba recostada sobre la chaise longue de su habitación, con un libro abierto sobre sus piernas. La luz cálida de la lámpara de mesa iluminaba apenas sus rasgos delicados, resaltando la perfección de cada línea de su rostro. Sus ojos recorrieron una última frase antes de cerrarlo con suavidad y dejarlo sobre la mesa de noche.
El reloj marcaba las tres de la madrugada. La ciudad estaba cubierta por un manto de oscuridad y silencio, salvo por el ritmo de la lluvia y los pensamientos que aún recorrían la mente de Alexandra. Había sido un día intenso: el trabajo en Morgan Enterprises, la lluvia incesante, y el regreso a la mansión para cuidarse, relajarse y encontrar un momento de tranquilidad después de todo lo que sucedía con Mikhail. Sus manos se aferraron a la taza de café que había servido minutos antes, disfrutan