DIAS DESPUÉS
El salón de conferencias estaba ubicado en la planta más alta de uno de los edificios más emblemáticos de Moscú. Las paredes eran de cristal y permitían ver la ciudad extendiéndose en todas direcciones, pero dentro de aquella sala, el ambiente era más frío que el invierno ruso. Una nueva reunión. Empresarios de alto nivel, hombres poderosos y egocéntricos, aguardaban sentados alrededor de la mesa ovalada. En uno de los extremos, como dueño indiscutible del espacio, Mikhail Barano