La noche de Barcelona se desplegaba como un lienzo de estrellas que parpadeaban suavemente sobre la ciudad. El aire fresco acariciaba las calles adoquinadas, trayendo consigo el suave perfume del mar. Desde el balcón de la habitación de Alexandra, en la Residencia Fort la vista era un espectáculo de luces doradas que danzaban sobre el horizonte. Los edificios antiguos, las farolas de hierro forjado y las sombras alargadas del atardecer le daban un toque casi mágico al lugar.
Alexandra, de pie