Natalia al ver que la puerta principal se abre acerca El vehículo de manera inmediata, Alexandra se monta en la camioneta. Natalia no dijo nada. Pero observó el rostro de Alexandra, su expresión, el brillo leve en sus ojos. Algo había cambiado. Y aunque su jefa aún no lo admitiera, el peligro ya no era solo político o estratégico.
Era personal.
Y tenía nombre.
Mikhail Baranov.
El vehículo se adenrmtra en los terrenos de la Mansión Orlova.
— Nos vemos mañana Natalia, gracias por acompañarme