La noche aún no había abandonado por completo el cielo cuando el automóvil negro blindado cruzó los portones de hierro forjado de la Villa Baranov, ubicada en los límites de Rublyovka, la zona más exclusiva y resguardada de toda Rusia.
La villa era mucho más que una residencia. Era una fortaleza oculta bajo el diseño de una obra de arte arquitectónica: paredes de piedra natural traídas desde el Cáucaso, vitrales diseñados por un artista francés, columnas talladas por manos italianas y un jardín