La habitación del sanatorio estaba impregnada de silencio, el tipo de silencio que solo se experimenta cuando el dolor se convierte en algo tan profundo que cualquier palabra parece una blasfemia. Mikhail estaba acostado en la cama, su torso desnudo cubierto por una sábana blanca, los bordes de la tela impregnados con manchas oscuras. La herida de bala en su costado izquierdo aún sangraba ligeramente, aunque la hemorragia había disminuido, y la piel alrededor de la herida se veía inflamada, mor