EL RELOJ AVANZA...
La tarde comenzaba a teñirse de tonos dorados sobre el amplio jardín de la Residencia Fort. El canto de los pájaros se entrelazaba con las risas suaves de Mavi que corría entre los arbustos recortados, rodeados de flores que parecían bailar al compás de la brisa suave del verano español. Era una tarde serena, de esas que se quedaban en la memoria sin necesidad de hacer ruido.
Sofía caminaba lentamente junto a Alexandra, ambas descalzas sobre el césped fresco. Las sombras alargadas de los árbol