Alexandra caminaba con paso firme por los pasillos de Morgan Enterprises. El aire frío del edificio apenas alcanzaba a apaciguar el fuego contenido que ardía en su interior desde la noche anterior. Sin embargo, su rostro era una máscara perfecta de control. Ni un atisbo de emoción se filtraba por sus facciones; ni una grieta en su expresión calculada.
—¿Los informes están listos? —preguntó sin detenerse.
—Sí, señorita Morgan. Están sobre su escritorio —respondió su asistente con nerviosismo,