Moví la mano hacia su hombro, pero no lo toqué, unos rugidos colectivos estallaron en la oficina.
—No importa, llegan justo a tiempo para hacerlo oficial.
—¿Hacer qué oficial? —los ojos de Elena se abrieron desmesuradamente al ver hacia mí.
—Convertirla en Luna... Clío es mi nueva Luna.
—No... —exclamó Elena, cubriéndose la boca con las manos.
—Oh, sí.
—Pero está embarazada. —Elena gruñó hacia él, un movimiento que no pasó desapercibido para Esteban, quien dio un paso adelante, preparándose para