Punto de vista de Javier
Mi cuerpo se aferró a ella en el asiento trasero del coche, sin soltarla ni una sola vez, sin romper ese contacto entre nuestra piel que resultaba en una erupción de hormigueos sobre mis brazos.
Podía estar inconsciente, pero los hormigueos evitaban que mi corazón acelerado explotara por el miedo de que fuera a morir en mis brazos. Podía sentir los hormigueos débilmente, pero aún los sentía.
El Beta Ramón llamó al hospital de la manada con anticipación, preparando a un e