Ajena a todos los que se derrumbaban a su alrededor. Ella no querría eso, no querría que vivieran así; visitándola todos los días, sin verla sanar... dejando que el dolor los consumiera. Ella era generosa, una sanadora.
Los sollozos siguieron cuando el doctor apagó el monitor, su ritmo cardíaco se convirtió en una línea plana... las máquinas ya no la mantenían con vida, se había ido.
—Mis pensamientos están con todos ustedes —el doctor bajó la cabeza, retrocediendo un paso para darnos la oportun