Namar se dirigió a sus aposentos nuevamente, después de entrenar con Kerim. Cuando caminaba a través de los pasillos, sintió que su cuerpo se volvía cada vez más pesado, hasta el punto de caer inconsciente. Una de las criadas acudió en su ayuda.
- ¡Princesa Namar! ¡Ayuda! - Gritó, al no tener la fuerza suficiente para levantarla
Kerim oyó su llamado y acudió hasta el lugar.
- Namar… - dijo con preocupación. Tomándola en sus brazos - Llama a la curandera - ordenó.
Kerim la llevó hasta su cama y