Capítulo 37. Parte 1
Diego:
«¿Antonella, en esta faceta seductora?».
Jamás pensé que esta versión de ella, que ya conozco bien, lograría desarmarme de esta manera. Hoy no hay rastro de timidez; solo veo ese fuego familiar, un deseo que me atraviesa. Me mira, se acerca y roza mi brazo con una calma que me enloquece. Cierro los ojos un instante, intentando contener la avalancha, pero su perfume y la calidez de su cuerpo me ganan.
—¿Qué haces? —pregunto con una sonrisa que me cuesta mantener.
—Inaugurando la casa —sus