Capítulo 37. Parte 2
Diego:
Me afirmo en el marco de la puerta de la otra habitación mientras observo cómo ha cambiado Antonella desde que la conocí. No puedo dejar de agradecer a Dios por haberla puesto en mi camino. Me acerco con cautela para abrazarla y la envuelvo entre mis brazos, depositando cálidos besos en su frente.
—Amor… —empiezo por decir—, siempre te deseo, me gustas, pero no soy un dios; soy un mortal común y corriente, no un personaje de libros… ¿Puedes esperar a que acumule un poco de energía? —supl