Capítulo 15. Parte 4
Diego:
Su mirada de asombro me da pie para ponerla de espaldas en la cama, besando su cuello mientras afirmo sus manos, alegrándome de escuchar que se ríe con diversión.
—-¡Así es señorita! La quiero conmigo el resto de la tarde.
—Es que debo decirte algo —comenta, sin dejar de reír—. Hay un problema...
—¿Qué será? —interrogo, pues su cara de diversión no se asemeja a un problema.
—Esas camisas... —titubea—. Necesito saber el costo, porque Bruno es un tacaño —confiesa.
Suelto una risotada al es