La luz matinal se filtraba por las rendijas de la persiana, tiñendo la habitación de invitados con un resplandor suave y dorado. Brooke se desperezó lentamente, con la mente aún envuelta en la bruma del sueño. Aún recordaba los momentos de la noche anterior: las películas, las risas forzadas, las miradas furtivas. Y a Aleksei. Siempre a él.
Con cuidado, se levantó y abrió la puerta con sigilo, intentando no despertar a nadie. Llevaba puesto un pantalón de pijama holgado y una camiseta blanca de