La semana comenzó con una tensión invisible que Brooke llevaba en los hombros como si pesara toneladas. En la universidad, los pasillos estaban repletos de estudiantes que hablaban de exámenes, entregas y fiestas. Pero ella apenas podía concentrarse. Su mente iba y venía como una corriente inestable que siempre desembocaba en los mismos ojos azules.
No lo había vuelto a ver desde el domingo. No había mensajes. Ni llamadas. Solo silencio.
Y eso, para alguien como Aleksei, decía mucho más que cua