Sangre y silencio (1era. Parte)
El mismo día
Málaga
Ramiro
Escuchar a Juliana repetir “lo siento” me dejó con el corazón estrujado; no fue una frase cualquiera, sino el anuncio de una tragedia. Su rostro apagado lo gritaba todo, y la confirmación llegó al cabo de unos segundos, lenta y cruel.
El silencio en la sala se volvió denso, más expresivo que cualquier explicación. Me negué a creerlo; necesitaba que ella lo dijera, que articulase ese maldito error que había arruinado el plan. Al fin su voz rasgó el aire.
—Ramiro… la per