Entre la venganza y el amor (2da. Parte)
Tres días después
Málaga
Ramiro
Una ventaja indiscutible era conocer los tratos sucios que Douglas había hecho para obtener su puesto como juez; en eso residía su punto débil. No me interesaba perjudicarlo —al fin y al cabo, todavía me resultaba útil para mis negocios—, pero era primordial que entendiera que, siendo un Del Valle, nadie me negaba nada.
Allí estaba, en su despacho, con mis ojos clavados en los suyos, esperando una respuesta a mis interrogantes sobre qué le había pedido mi madre.