Isabella guardó los documentos cuidadosamente en su falda, su mente trabajando rápidamente. Aunque el peso de la situación era claro, también sabía que no podía apresurarse. Galdric, aunque aparentemente bien intencionado, seguía siendo un hombre que operaba en las sombras, y confiar completamente en él podría ser tan peligroso como ignorarlo. Sin embargo, en ese momento, no tenía muchas opciones. Cada segundo contaba, y el reino estaba en juego.
-Te agradezco, Galdric. Pero antes de que tomemo