El camino hacia los Hamptons siempre me ha parecido hermoso, casi como una pintura que se despliega frente a los ojos con cada curva. Los pinos altos, los campos abiertos y el mar insinuándose en la distancia. Pero este día, el paisaje parece distinto, más opaco, cubierto por una tensión que se puede respirar dentro del todoterreno. Alexander no dice nada. Sus manos están firmes sobre el volante, marcando cada giro con una rigidez que me hace contener la respiración. El aire en el interior del