El vaso frío de limonada descansa sobre la mesa auxiliar, dejando un pequeño anillo de humedad que brilla bajo la luz tenue del salón. Me acomodo mejor en el sofá, cruzando las piernas, mientras el iPad que me había regalado Alexander reposa en mi regazo. La pantalla ilumina mis manos y la superficie pulida me devuelve el reflejo de mi rostro cada vez que el fondo se torna oscuro.
He pasado horas organizando y reorganizando mi portafolio. No es que me obsesione con la perfección, pero algo en m