El sonido de mis tacones resuena en el mármol pulido del pasillo, como si cada paso fuese un anuncio, un recordatorio de que estoy allí para algo que, de alguna manera, puedo cambiarlo todo. El edificio impone respeto. Altos ventanales que dejaban entrar la luz de la mañana, columnas revestidas de piedra gris, y un aire de lujo contenido que gritaba poder sin necesidad de ostentaciones innecesarias. Es, en esencia, el mismo lenguaje que habla BlackTech, el imperio de Alexander, aunque aquí el p