El silencio de la casa me envuelve como una manta ligera. Afuera, el murmullo lejano de la ciudad sube y baja como una respiración constante, pero aquí, en este espacio que se siente por momentos demasiado amplio, solo estoy yo, mis pinceles y el cuadro que acabo de dar por terminado.
Mis padres habían insistido en salir a caminar por Central Park. Me ofrecí a acompañarlos, pero ambos sonrieron con esa complicidad callada que se profesan todavía después de tantos años juntos. “Queremos pasear l