El amanecer se filtraba entre las cortinas de lino, bañando la habitación con una luz dorada y suave. Aurora abrió los ojos lentamente, sintiendo el calor del cuerpo de Alexander junto al suyo. Por un instante, todo parecía en calma.
Max irrumpió en la habitación corriendo, riendo con esa alegría que siempre lograba llenar sus corazones.
—¡Mamita! —exclamó lanzándose a sus brazos—. ¿Vas a vestirte con un vestido de princesa cuando te cases con papá?
Aurora sonrió, acariciando el cabello despein