El pequeño Max permaneció pegado a la madera de la puerta, con la respiración contenida y las manos apretadas en puños tan fuertes que sus nudillos se tornaron blancos. Las palabras de su padre habían caído sobre él como una losa de granito: "Esa mujer ya dio el primer paso legal para pelear por la custodia". En su mente infantil, no entendía de términos jurídicos, pero la palabra "custodia" se traducía en una sola imagen aterradora: la mujer desconocida que había gritado en la sala llevándosel