Después de encargarme de que Max tomara su desayuno y de arrullarlo hasta que cayera en su siesta, me quedé unos segundos mirándolo dormir. Tenía ese gesto dulce en el rostro que tanto me recordaba a Tommy, y no pude evitar acariciarle suavemente el cabello antes de salir. Me acompañaba el equipo de seguridad que Alexander había designado para mí, hombres firmes y discretos que me escoltaban hasta el coche. Hoy había quedado con Melania; necesitaba contarle todo lo que estaba pasando. Los acont