Pasé buena parte de la tarde preparándome junto a Mel. Ella estaba más emocionada que yo, supervisando cada detalle, desde el vestido hasta el peinado, como si se tratara de su propia fiesta. Yo trataba de mantener la calma, pero sabía que esta noche sería decisiva en muchos sentidos.
—No puedes negar que estás nerviosa —me dijo, mientras me acomodaba un mechón suelto—. Pero créeme, después de esta noche nadie podrá volver a menospreciarte.
—Eso espero, Mel —respondí con una sonrisa ligera—. Es