Karoline tomó el teléfono con manos temblorosas. Los médicos ya le habían dicho que la pequeña Tiffany estaba bien, que solo había estado bajo el influjo de un poderoso sedante que los delincuentes habían impregnado en el aire. Pero ella no podía arriesgarse a que Alan lo supiera, no podía permitir que descubriera que ella había robado las cenizas de Tommy, porque ese sería su fin.
Así que, la única salida era inventar algo. Una mentira que fuera creíble y que, a la vez, le devolviera a ella y