Victoria se dirigió a la oficina del juez, un hombre influyente y poderoso de mediana edad que había sido su amante en el pasado. El despacho era opulento, con paneles de madera oscura y una vista panorámica de la ciudad. El juez, cuyo nombre era Marcus Brown, se levantó de su asiento con una sonrisa de lobo cuando ella entró.
—¡Cielo santo, algo bueno tuve que haber hecho para recibir semejante honor! —dijo Marcus, extendiendo los brazos con efusividad—. ¡La hermosa Victoria visitando a los si