Aurora terminaba de acomodar la cama cuando encontró un papel sobre la almohada. Lo tomó y lo leyó de inmediato: Él no podrá protegerte para siempre. Reconoció la letra de Alan al instante y sintió como la sangre le hervía en las venas, debido al coraje que experimentaba. Sin que Alexander se diera cuenta, salió de la habitación con paso firme y decidido rumbo al jardín.
Ahí estaba Alan, esperándola con esa actitud arrogante que tanto la irritaba.
—Sabía que vendrías —dijo él, con esa sonri