La mañana siguiente amaneció clara, aunque el ambiente en la casa de campo seguía siendo tenso. Nicolas había organizado una carrera amistosa entre Alexander, Alan y él. Aurora observaba desde la terraza mientras los preparativos se llevaban a cabo, con una sensación inquieta en el pecho.
Alexander se ajustaba las botas y el guante mientras hablaba con el señor Richmond. Alan, a unos metros, fingía calma, pero la rivalidad entre ambos era evidente. La mirada que le lanzaba a Alexander no tenía