Arthur Hamilton era un hombre implacable que no acostumbraba a dar segundas oportunidades, y en el caso de Karoline, la afrenta había sido muy grande. No solo lo había humillado públicamente, sino que le había hecho creer que Tiffany era su hija, y por lo que se decía en el artículo, Arthur no tenía ninguna duda sobre la verdadera paternidad de la niña. La rabia, fría y metódica, era el único motor que lo movía ahora.
Empezó a buscar en la caja que siempre guardó con las pertenencias de Karol