**ANDREA**
El aire dentro del auto es espeso, como si los secretos lo saturaran de un olor imperceptible pero sofocante. A veces, el silencio habla más que las palabras. Y en este momento, susurra advertencias.
Voy sentada en la parte trasera del coche, el cuero negro bajo mis muslos se siente frío, a pesar del sol que ya comienza a filtrarse por las ventanas. A mi izquierda, Camila se mantiene en una postura rígida, casi como una estatua de porcelana. Sus dedos no paran de juguetear con la cre