**ANDREA**
"Se fue sin despedirse."
Esa frase no deja de repetirse dentro de mi cabeza, como un eco sordo que golpea, una y otra vez, las paredes de mi pecho. No importa cuánto intente respirar, no hay oxígeno suficiente para calmar esta presión que me oprime el alma.
Estoy recostada contra una de las frías paredes del hospital, con la espalda rígida y el corazón hecho un nudo que no encuentro forma de desatar. La noticia de su partida ha sido un disparo seco, certero, justo en el centro del pe