**ANDREA**
—¿Ahora qué pasó? —murmuro, apretando el móvil con fuerza mientras las puertas del ascensor se abren frente a mí. Siento el frío del metal mezclarse con el calor repentino que me sube por la nuca. Ingreso, mis pasos suenan huecos, y justo antes de que las puertas se cierren, deslizo el dedo por la pantalla y contesto la llamada.
Lo primero que escucho es su voz, vibrante, cargada de emoción.
—¡Felicidades, Andrea! —exclama Isabel, casi gritando de alegría—. ¡Parece que el destino al