Amatista continuó trabajando concentrada, los trazos de su lápiz dando forma a cada línea del diseño del reloj. Las horas pasaban, pero para ella el tiempo parecía diluirse mientras creaba algo único para Enzo. Finalmente, dio los últimos toques a la pieza, asegurándose de que todo estuviera perfecto, justo como lo había imaginado. Se levantó, escaneó el diseño y, con un suspiro de satisfacción, lo envió a Santiago, pidiéndole que lo tuviera listo lo más rápido posible y especificando los mater